Monday, 22 June 2009

La basura acaba a China


Día sí, día también, Yang cruza medio Shanghai a golpe de pedal y aparca su triciclo a las puertas de un mercado del centro de la ciudad. Una a una, amontona sobre el carro cientos de cajas de poliestireno expandido que los comerciantes ya no necesitan. Para cuando el tetris de desperdicios alcanza la altura de un segundo piso, las gotas de sudor descienden por sus mejillas.
La mujer se parapeta en el hueco que queda al manillar y, enterrada en la montaña de corcho blanco, tira de su vida dando tumbos y abriéndose paso entre bicis, coches, autopistas elevadas y rascacielos. A 'la chica del plástico', como la conocen en el barrio, le quedan dos horas de arrastrar su miseria hasta un centro de reciclaje. Eso, si todo va bien. "Hay veces que las cajas se caen", explica.
Como en la mayoría de las ciudades chinas, en Shanghai tampoco hay un programa oficial de reciclado. La recogida selectiva es espontánea, y se repite en cada esquina. Papeleras y contenedores, donde los hay, son desvalijados varias veces al día por un ejército de 'carroñeros', el gremio del que forma parte Yang.
Miles de intermediarios anónimos que engrasan la cadena del reciclaje, pero que el Estado no tiene capacidad para institucionalizar a día de hoy. Informales, sí, pero también indispensables para mitigar la 'crisis de basuras' que amenaza al país.
Porque además de riqueza y bienestar, el desarrollo económico ha disparado el volumen de desperdicios que se generan en China. Ambos fenómenos convergen en las grandes megaurbes, donde el manejo de la basura resulta insostenible bajo el modelo actual.
Al borde del colapso
Un comité municipal de la capital avisaba la semana pasada que Pekín se encuentra al borde del colapso: sus 17 millones de habitantes generan 18.000 toneladas diarias de desperdicios, 7.000 más de las que pueden digerir los 13 vertederos municipales. Dos de ellos han superado ya su límite de capacidad y el resto se llenarán en cuatro o cinco años teniendo en cuenta que los pekineses generan cada año un 8% más de basuras.
El problema es común en las grandes ciudades de este vasto país, pero no exclusivo de China. Es una 'migraña global', un reto en la gestión de viveros humanos de gran tamaño. Como Shanghai, que con sus 19 millones de habitantes generó en 2007 un volumen de basura capaz de llenar cinco veces la torre Jinmao, el tercer edificio más alto del mundo.
A su principal vertedero, Changshengqiao, le quedan 15 años de vida, dos menos de los previstos cuando se planificó. Porque en China, el 90% de la basura que gente como Yang no puede revender va a parar a este tipo de lugares. El resto se incinera, y sólo una pequeña fracción recibe otros tratamientos.
A corto plazo, la solución pasa por abrir nuevas instalaciones, pero las autoridades se han topado con un nuevo obstáculo: una ciudadanía cada vez más contestataria que no quiere vertederos o plantas incineradoras en la puerta de su casa. En marzo, el Gobierno canceló la construcción de una planta de biotratamiento de basuras en las afueras de Pekín por la oposición de los residentes, que temían ver contaminados los acuíferos locales.
"Aunque estamos dispuestos a pagar precios altos, tenemos grandes problemas para encontrar tierras", admitía al 'Global Times' un funcionario del gobierno municipal.
"Los métodos alternativos más sostenibles, hoy por hoy, resultan demasiado caros", explica a elmundo.es un experto de la Universidad de Tongji que no quiere ver publicado su nombre porque asesora al gobierno en la materia. "De momento, la orden es diversificar e introducir más plantas de incinerado y tratamiento de basuras".
Pero desde ahora, señala, China debe introducir programas de reciclaje y aprobar normativas para penalizar o gravar la generación de basura. Según las autoridades, la prohibición de las bolsas de plástico gratuitas, por ejemplo, ha contribuido ya a reducir un 65% los deshechos de polietileno en apenas un año de vigencia.


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Groenlandia estrena gobierno propio


Groenlandia, la vasta isla del Ártico, asume a partir de este domingo su propio gobierno, con lo que da un nuevo paso hacia la independencia de Dinamarca.


Esto es posible gracias a un referéndum sobre mayor autonomía celebrado en noviembre de 2008.



La nueva adinistración permitirá a los isleños aprovechar mejor los recursos minerales del subsuelo.
Además, le permitirá a Groenlandia tener una mayor participación de los ingresos provenientes de la explotación de sus recursos naturales.
El gobierno local tendrá el poder de policía y el control de las cortes, y el groenlandés -o kalaallisut- será la lengua oficial.
Sin embargo, Dinamarca mantiene el manejo de la Defensa y de las Relaciones Exteriores.
Copenhague gobernó Groenlandia por tres siglos. En 1979 le otorgó el estatus de territorio dependiente autónomo.
Pero ahora, con el sistema de gobierno propio, la isla más grande del mundo y sus 57.000 habitantes se acercan a la independencia.
Los groenlandeses -que en su mayoría son nativos inuit- serán tratados como un pueblo separado bajo la ley internacional.
Repartiendo los recursos
Gran parte del petróleo, gas, oro y diamantes de la isla han estado lejos del acceso humano debido al hielo ártico que cubre la mayor parte del territorio
Pero expertos de Estados Unidos creen que será más fácil explotar la riqueza mineral de la isla a medida que el calentamiento global derrite las capas de hielo.
Al mismo tiempo, "se prevé que el calentamiento global tendrá un efecto adverso sobre la tradicional industria pesquera", acota el corresponsal de la BBC Sean Fanning.
Los que abogan por la independencia esperan que el incremento en los ingresos por la explotación de los minerales ayude a una separación definitiva de Dinamarca.
Actualmente, Groenlandia depende en gran medida de los subsidios del gobierno danés, que le provee 30% de su Producto Interno Bruto.
Los analistas señalan que todo intento de forzar la independencia probablemente será pospuesto por el nuevo gobierno de izquierda de Groenlandia.
El recientemente electo primer ministro Kuupik Kleist prometió concentrarse en atacar los grandes problemas sociales, como el alcoholismo, la violencia doméstica y la alta tasa de suicidio.


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